Colombia: El holocausto del Palacio de justicia IV Parte: el final El amanecer de los muertos

El amanecer de los muertos

Mientras el incendio terminaba de consumir la edificación, los guerrilleros se refugiaron en el baño del segundo piso con todos sus rehenes, que fueron llegando desde los sitios donde los tenían retenidos: 60 personas apiñadas en un espacio de apenas 20 metros cuadrados, en medio de los pertrechos de guerra de los asaltantes, pero protegidas por las gruesas paredes de piedra del lugar (entre los rehenes estaban los magistrados Nemesio Camacho, Humberto Murcia Ballen, Horacio Montoya Gil, y Manuel Gaona Cruz, y los consejeros de estado, Aydee Anzola, Reynaldo Arciniegas y Samuel Buitrago). Sus captores ya no eran más de una decena, pero 3 de ellos se encontraban heridos.

La puerta del palacio, destrozada por los cascabel.

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Evacuación de los cadaveres

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El interior de la edificación totalmente consumida por las llamas.

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Los bomberos evacuan los cuerpos calcinados del 4 piso. Allí murieron cerca de 43 personas entre civiles, guerrilleros. y uniformados.

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El cuerpo sin vida de Andres Almarales Manga, uno de los cabecillas del M-19 que dirigió la toma del Palacio de justicia. Su cuerpo inerte quedo sentado sobre un inodoro en el baño de la batalla final.

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El resto del edificio se siguió consumiendo por las llamas hasta cerca de la 1:30 de la mañana cuando los bomberos, pudieron controlar la conflagración desde fuera. Los militares se habían retirado a la plaza de bolívar esperando el desenlace.

Desde allí sobre las 8 del noche, la tripulación de uno de los tanques disparo un proyectil contra la fachada del edificio, abriendo un tremendo boquete a la altura del tercer piso. Intermitentemente los disparos se apagaron conforme el incendio arrasaba todo el palacio de justicia. Sobre la medianoche y las primeras horas de la madrugada, algunas patrullas ingresaron a las instalaciones para conocer el número de guerrilleros sobrevivientes, comprobando que aún quedaba un último rescoldo de resistencia. A las 2 de la mañana se produjo otra andanada con fuego de ametralladoras pesadas y cohetes, disparados contra el mismo costado del edificio, que se estremeció en su totalidad. Después hubo silencio total durante algunas horas; una tregua no pactada que se extendió desde la 3 de la mañana hasta cerca de las 5.30 am.

Al amanecer, los rehenes oyeron en la radio que a las 9:00 a. m. Belisario Betancur se reuniría con los ministros y también que el Ejército tenía totalmente controlado el Palacio, a excepción de un reducto guerrillero, contra el que se lanzaría la Operación Rastrillo.

El Baño del juicio final

A las 5.30 am, el operador del Cascabel marcado con el numero A-21, encendió su carro y reingreso a las instalaciones del palacio. Se trataba del esfuerzo final por liquidar a los irregulares. Paralelamente un grupo de asalto compuesto por 93 hombres salió de la base de operaciones situada en la casa del Florero. Después de una inspección de la entrada principal y la primera planta, sobre las 6:35 empezó la operación rastrillo. Los soldados se lanzaron al asalto del segundo piso, desde donde “Diana la cazadora” con su ametralladora escupía canana tras canana tratando de detener el avance oficial. Pero no solo se combatía con ráfagas de fusil y ametralladora, sino también con todo tipo de explosivos, cargas de dinamita, granadas de mano y fuego de tanques.

Los guerrilleros desesperados por el avance incontenible de los militares que iban tomando cada centímetro de la edificación tiro a tiro, decidieron apelar a la última carta en su mano: los rehenes. Así que estos empezaron a gritar que eran civiles y a pedirle al Ejército que no les disparara más. También que estaban heridos y que eran magistrados de la Corte, pero la respuesta invariablemente fue la exigencia de la rendición de los guerrilleros, que debían “salir con las manos arriba” y liberar a los secuestrados.

Mientras en el Palacio de Nariño, a las nueve de la mañana el presidente Betancur dio inicio al consejo extraordinario de ministros. Tras informar a su gabinete sobre la situación tal como se desarrollaba en ese momento, el primer mandatario tomó la decisión definitiva de no negociar con los subversivos y de exigir su rendición.

La suerte estaba echada. Fracasados los intentos por persuadir un alto al fuego, entre los rehenes surgió la idea de enviar un emisario para informar que había personal civil en el baño. Inicialmente el doctor Carlos Urán trató de obtener la autorización de Almarales para descender al primer piso, pero pronto Almarales descartó su mediación. Sin embargo, a eso de las 10:30 a. m., el cabecilla guerrillero rectificó su criterio y aceptó enviar como portador de una propuesta de negociación al Consejero de Estado Reinaldo Arciniegas, quien provisto de la camiseta del magistrado Tapias Rocha como bandera blanca y luego de anunciar su misión por varias veces, descendió las escaleras y fue recibido por los militares que ya estaban en el rellano de la escalera que daba al baño. Eran cerca de las 11 de la mañana.

Una vez afuera, Arciniegas no pidió hablar con el Presidente Betancur ni con la Cruz Roja, pero entrego su mensaje al general Arias Cabrales.
La tentativa de dialogo o de obtener al menos un alto al fuego temporal no surtió efecto.

La batalla arrecio nuevamente y los militares perforaron con una potente carga de demolición las gruesas paredes de un entrepaño, que por el costado oriental antecedía las del baño propiamente dicho. El reloj marcaba el mediodía.

La explosión no causó daño a los rehenes, pero por ese boquete, los cohetes de los blindados del Ejército alcanzaron por fin la pared del baño y la hendieron por el toallero. Una brecha por la que se intercambió fuego graneado que acabo con la vida de varios rehenes, a la vez que los guerrilleros desconcertados disparaban sobre los propios rehenes como relataron los magistrados Hernando Tapias Rocha y Nemesio Camacho Rodríguez, quienes quedaron gravemente heridos. Era el fin. Desde el cuarto piso presionaban los soldados del Batallón Guardia Presidencial, y desde el segundo nivel los del mayor Carlos Alberto Fracica y la escuela de artillería. En medio, en el entrepiso, el baño y los rehenes.

La batalla final

Para el M19 todo estaba perdido. Almarales hizo salir los rehenes al rellano del baño y de rodillas los hizo gritar: no nos disparen más, somos magistrados…

No se obtuvo ningún resultado. Ante las súplicas de los secuestrados y en especial las de sus propias correligionarias del M-19, Almarales accedió a que salieran las mujeres. Fue entonces cuando las guerrilleras Irma Franco Pineda y Clara Helena Enciso, despojaron de sus prendas de vestir a empleadas judiciales que habían fallecido, se camuflaron entre las rehenes y salieron con ellas. Solo sobreviviría Clara Helena Enciso.

Los guerrilleros que se quedaron dentro, desesperados empezaron a llorar y quemar sus pertenencias para “no dejar rastro alguno”. Almarales dijo: “Los que quedamos nos morimos todos”. Obligo al magistrado Manuel Gaona Cruz y el abogado Gabriel Salom a que salieran nuevamente a pedir un cese al fuego. Los quería utilizar como escudos humanos para llegar hasta la escalera, pero cuando Gaona se negó, los guerrilleros le dispararon por la espalda y le volaron la cabeza.

La última carta de Almarales se había perdido. Mientras varios rehenes se arrastraron fuera como el Magistrado Murcia Ballen, los otros finalmente fueron dejados en libertad por los guerrilleros. En el rellano de la escalera los soldados los recibieron y los llevaron a la casa del Florero

Mientras tanto, en el baño los guerrilleros se aprestaron para el final. Sobre las 3 de la tarde, una ultima detonación derribo la pared que separaba a los insurrectos del Ejército. Al fin se encontraban cara a cara. Las balas se cruzaron con desesperación en medio del último lance. Todos los subversivos perecieron. Almarales recibió un tiro mortal en la sien e inerte quedo sentado sobre uno de los inodoros.

Del humo, llenos de cenizas y con el rostro desencajado, emergieron aquellos soldados victoriosos que habían recuperado el palacio de justicia. Terminaban 28 horas de toma guerrillera. Lo que paso después, es otra historia.

HONOR Y GLORIA A LOS CAÍDOS.

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