EL TURBIO HISTORIAL DE LOS FUNDOS DE LA FAMILIA LUCHSINGER

El origen de las tierras en conflicto

Un trabajo del historiador Martín Correa señala que Adán Luchsinger Martí y sus hijos no sólo compraron terrenos que habían sido arrebatados a los mapuches en Vilcún.

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También corrieron deslindes y “cobraron en suelos” las deudas que los comuneros adquirían en la pulpería de los patrones.

Los fundos de la familia Luchsinger en Vilcún, cinco en total, se remontan a 1906, cuando el colono suizo Adán Luchsinger Martí compró 60 humildes hectáreas a un inmigrante alemán.

Más de cien años después, las tierras del clan en esa zona suman 1.200 hectáreas, las que son reclamadas por las comunidades mapuches vecinas.

Son los mismos predios donde murió baleado (asesinato que cometió el cabo de Carabineros Walter Ramírez) el joven Matías Catrileo.

Porque ni en los agitados años de la Unidad Popularesta familia había visto peligrar, como ahora, sus extensas propiedades.

El último atentado al fundo Santa Rosa motivó que, por primera vez en cien años, un ministro del Interior visitara a este clan.

Jorge Luchsinger, dueño del Santa Margarita, ha repetido una y otra vez que los campos de la familia están “saneados, oleados y sacramentados”, y que ellos dan trabajo a los mapuches vecinos, con quienes no tendrían conflictos, porque los “agitadores son foráneos”.

En su investigación, Correa aporta antecedentes distintos.

El primer Luchsinger

El clan desciende de Adán Luchsinger Martí, quien nació el 22 de noviembre de 1868 en la ciudad de Engi, cantón suizo de Glarus.

Llegó a Chile en 1883 y, antes de Vilcún, se asentó en Quechereguas, actual comuna de Traiguén, 70 kilómetros al norte de Temuco.
El 10 de mayo de 1893 se casó con la inmigrante alemana Margaretha Rüff Studer.

Al igual que cientos de otros colonos italianos, franceses, suizos y alemanes, Adán Luchsinger fue “enganchado” en Europa por la Agencia de Colonización.

Arribó a Talcahuano, puerta de entrada a la “Mesopotamia” de América del Sur.

Con ese nombre se difundía en el viejo continente, en aquella época, a la recién pacificada Araucanía.

En Quechereguas, Adán Luchsinger recibió una concesión territorial de 60 hectáreas del fisco chileno, más una yunta de bueyes, una vaca parida, semillas y madera, entre otros bienes.

En esta sencilla hijuela nacieron sus hijos Conrado, Enrique, Carlos y Melchor.
En 1906, la familia Luchsinger se trasladó a Vilcún, a 20 kilómetros al oriente de Temuco.

Ese año, Adán compró 60 hectáreas al colono alemán Emilio Quepe y, según consta en el Conservador de Bienes Raíces de Temuco (CBRT), a partir de 1909 el patriarca del clan no paró de adquirir terrenos, hasta totalizar más de mil hectáreas.

A su muerte, en 1936, la herencia se dividió entre los cuatro hijos.

De acuerdo al Registro de Propiedades del CBRT, en la actualidad los descendientes de estos cuatro vástagos tienen cinco predios

También de 1908 y 1909 datan los títulos de merced concedidos a las diez comunidades mapuches de Vilcún que rodean los terrenos de los Luchsinger.

Se trata de numerosas familias que han denunciado una historia de despojos y usurpaciones, primero de parte del Gobierno chileno de esa época, y a manos de los Luchsinger después.

En efecto, tras la “pacificación”, el fisco consideró que los terrenos de los mapuches sin trabajar eran sitios baldíos y los requisó.

Si las comunidades acreditaban la posesión de su tierra por el tiempo que la ley exigía, se podían quedar en la “reducción” o “reserva”.

En eso consistía el título de merced, en un terreno reducido y reservado para indígenas.

LA LEY DEL EMBUDO, SE INSTAURA

En cambio, a las familias de colonos europeos el Estado chileno les entregaba hijuelas de 70 cuadras, más otras 30 por cada hijo varón mayor de 10 años.

También recibían los pasajes gratis hasta Chile, tablas, clavos, una yunta de bueyes, una vaca con cría, arado, carreta, máquina destroncadora, pensión mensual durante un año y asistencia médica por dos.

Aquí está la raíz del problema, según el historiador Martín Correa:

“Mientras a los mapuches se les castiga y reduce por carecer de medios de trabajo, a los colonos el Estado chileno los apoya, subvenciona y les entrega medios de trabajo”.

El problema, asegura, se agravó cuando los colonos demarcaron los terrenos con líneas rectas.

Las posesiones mapuches explica Correa siempre se han deslindado a través de accidentes naturales, como ríos, quebradas y alturas máximas.

En cambio, las líneas rectas dibujadas en un plano poco o nada tienen que ver con la ocupación real y efectiva de un terreno.

De ahí, entonces, las denuncias que recogió el investigador acerca de deslindes corridos “a la mala”.

Hora de cobrar

El comunero Moisés Quidel entregó a Correa un relato que viene de sus abuelos: “Antes estaba Adán Luchsinger, Conrado después…
La cosa es que antiguamente había poca gente y cerco no había; entonces, como ellos eran de plata hicieron cercos y marcaban donde se les antojaba no más, ¿Y qué iban a hacer los peñis, si no había medios?

Y después que cercaron llegó la mensura, hicieron todos los documentos”.

Quidel también le contó que Conrado Luchsinger “se instaló con una pulpería y los viejos decían que fue tanto el proceso de reducción, fue tan violento el proceso de poscolonización, que hubo gente que quedó totalmente empobrecida, quedó sin tierras, sin animales, les quitaron todos sus sembrados y ya no podían sembrar nada”.

“Entonces, los peñis antiguos prosigue el relato iban a buscar harina para sobrevivir, trigo, sobre todo en las épocas de noviembre y diciembre, de grandes hambrunas.

Mucha gente murió de hambre, y ahí Conrado Luchsinger abría libretas y la gente iba hipotecando sus corderos, sus animalitos y sus tierras.

Y cuando llegaba la época [de cobrar] salía con carabineros, corría los cercos y así fue ampliando sus tierras, cobrando toda la plata de las deudas de la gente que compraba para sobrevivir.

Al tiempo, él llegaba: ‘Tanto me debe usted, y como no tiene con qué pagarme, me paga en tierra’.

Eso lo hacía en todas las comunidades”.

Jorge Luchsinger, hijo de Conrado, contó en una entrevista a la revista “Qué Pasa” que “nosotros teníamos una pulpería en el fundo.

Cada sábado la gente pedía, se le anotaba en el libro y a fin de mes se le hacía la liquidación y se le pagaba el saldo.

Empezaron a decir que cobrábamos mucho por la mercadería, que no eran productos de calidad.

Después reclamaban que la comida que les dábamos era mala, que tenía gusanos.
Tiraban los platos al piso.

Fueron las primeras protestas”.

Devolución de tierras

Con estas “primeras protestas”, el hijo de Conrado Luchsinger se refería a los años de Eduardo Frei Montalva y la reforma agraria, entre 1964 y 1970.

Si bien a ninguno de los Luchsinger se les expropiaron terrenos, Jorge devolvió “voluntariamente” algunas tierras a los mapuches.

Éstos dicen que fueron pedazos de cuatro o seis hectáreas, nada importante.

Sin embargo, las demandas territoriales tuvieron un gran auge en el Gobierno de Salvador Allende.

En 1971, después de cuatro juicios, Jorge Luchsinger debió restituir 56 hectáreas a las comunidades Pedro Tori, Juan Cuyanao, Antonio Canío y Santos Marihueque.

Destaca en el perfil de este agricultor su marcado racismo hacia los mapuches.

Tras un confuso atentado ocurrido el 9 de junio de 2005 contra su propiedad, el agricultor se mostró tal cual en una extensa entrevista concedida a la derechista revista Qué Pasa.

En ella, Luchsinger deja en claro que los mapuches para él no representaban otra cosa que una raza inferior, depredadora de la naturaleza e intrínsecamente perversa.

“No es posible que les entreguen tierras… va a ser una miseria absoluta, porque ellos no trabajan.

No se va a resolver el problema, no van a dejar de ser miserables.

¿Usted ha visto cómo están los campos que les ha comprado el Estado?

¡No queda nada, ni un árbol parado, no producen nada!…

El indio no ha trabajado nunca.

El mapuche es un depredador, no tiene capacidad intelectual, no tiene voluntad, no tiene nada…

El mapuche es ladino, es torcido, desleal y abusador”, afirmaría sin escrúpulos.

Por aquellos días de furia, sonó fuerte en Temuco su postulación al Parlamento.

Eso al menos consignó la prensa regional, que destacó la idea de la UDI de postular al empresario agrícola como diputado por el distrito 50, de Temuco y Padre Las Casas.

Si bien el mismo descartó su ingreso a la contienda electoral, fuentes de la colectividad lo mencionaron majaderamente como uno de sus posibles postulantes.

Su compañero en esta aventura sería ni más ni menos que Alan Cooper, uno de los responsables del secuestro y posterior asesinato del Comandante en Jefe del Ejército, René Schneider, ocurrido en octubre del año 1970 y antesala del golpe de Estado que puso al dictador en el sillón presidencial.

Enhorabuena, ni Luchsinger ni Cooper optaron por una carrera política.

Según la UDI, toda una “pérdida” para la democracia.

Después del golpe de 1973, muchos latifundistas aprovecharon de “pasar la cuenta” a los activistas de sus fundos, aunque en esos convulsionados años las demandas mapuches no eran de raza.

Hay detenidos desaparecidos de ese pueblo, pero las familias de las víctimas no hicieron gestiones judiciales o de otro tipo.

Según el Informe Rettig, las causas de esta pasividad pueden haber sido el temor, el desconocimiento de cómo proceder, y una fundamental desconfianza en las instituciones del Estado.

Como sea, la familia Luchsinger estuvo tranquila hasta 1999, cuando la organización Ayjarewe Wenteche, de Trufa Trufa, sector ubicado al sur del fundo Santa Margarita, protagonizó la primera ocupación permanente de ese predio.

Luego, en 2000, vinieron los atentados incendiarios y también un fuerte resguardo policial que comprende habitantes, dependencias, instalaciones y maquinarias.

Todo ello desde el año 2001 y las 24 horas del día, guardia privada financiada con los impuestos de todos los chilenos..

Pero extrañamente: ocurren atentados y quemas, todo por desconocidos queharán estos guardianes, pagados por TODOS nosotros: los chilenos??.

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